Guía para desarrollar: la inteligencia emocional

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¿Qué pensarías si te dijera que desarrollando tu inteligencia emocional puedes lograr tener un rendimiento óptimo?, ese estado de funcionamiento en el que las personas son capaces de expresar su máximo potencial, seguramente me dirías dónde firmo y cuando comenzamos, esta tentadora oferta es real, en este momento de la humanidad las investigaciones en la ciencia del comportamiento nos han indicado el camino para optimizarnos y no agotarnos en el intento.

Para lograrlo es importante entender los obstáculos con los que nos podremos encontrar en el camino, los cuales pueden estar relacionados con nuestras creencias, patrones de comportamiento y esquemas mentales.

  1. Creencias : Las creencias son convicciones o ideas que una persona sostiene acerca de sí misma, de los demás o del mundo en general. Pueden ser conscientes o inconscientes y se forman a lo largo del tiempo a través de experiencias, educación, influencias culturales y sociales, entre otros factores. Las creencias pueden ser positivas o negativas y tienen un gran impacto en las actitudes, emociones y comportamientos de una persona.
  2. Patrones de Comportamiento : Los patrones de comportamiento se refieren a las tendencias consistentes y repetitivas en la forma en que una persona actúa o responde a diferentes situaciones. Estos patrones pueden ser conscientes o automáticos y se desarrollan a partir de la interacción entre las creencias, las experiencias pasadas y las habilidades de afrontamiento de una persona. Los patrones de comportamiento pueden ser adaptativos o disfuncionales, dependiendo de si ayudan o dificultan el bienestar y el funcionamiento de la persona en su vida diaria.
  3. Esquemas Mentales : Los esquemas mentales, también conocidos como «esquemas cognitivos» o «esquemas de pensamiento», son estructuras mentales organizadas que representan el conocimiento y las experiencias de una persona sobre el mundo. Los esquemas mentales actúan como marcos de referencia que influyen en la forma en que percibimos, interpretamos y procesamos la información que recibimos del entorno. Se forman a partir de nuestras creencias, experiencias y aprendizajes previos, y pueden ser tanto conscientes como inconscientes. Los esquemas mentales tienen un impacto significativo en la forma en que pensamos, sentimos y actuamos en diversas situaciones.

Entender la interacción que se genera entre estos tres elementos clave es muy importante para lograr crear un plan de acción que nos permita desarrollar nuestra inteligencia emocional.

El punto de partida es revisar el tipo de creencias que tenemos programadas en nuestra mente, ya que las creencias influyen directamente en los patrones de comportamiento que tenemos. Por ejemplo, si una persona tiene la creencia de que es incompetente en el idioma inglés, es probable que evite situaciones en las que tenga que comunicarse en este idioma y que adopte comportamientos de evitación o autocrítica cuando se debe enfrentar a el. Del mismo modo, las creencias positivas como «quiero aprender inglés» pueden motivar a una persona a actuar buscando oportunidades de crecimiento y éxito cómo tomar cursos, pagar un profesor privado, ver videos sobre el tema.

Las creencias son uno de los principales componentes de los esquemas mentales. Las creencias arraigadas y generalizadas forman la base de los esquemas mentales, influyendo en la forma en que una persona percibe y procesa la información. Por ejemplo, siguiendo con el ejemplo, de la persona que tiene la creencia de «ser malo para el inglés», es probable que sus esquemas mentales estén orientados hacia la sobreexigencia o evitación, interpretando los errores normales en el aprendizaje de una nueva lengua de manera más negativa o amenazante, lo cual refuerza la creencia de falta de capacidad.

El siguiente nivel sería revisar los patrones de comportamiento, los cuales se desarrollan en gran medida a partir de los esquemas mentales de una persona. Los esquemas mentales actúan como marcos de referencia que guían y moldean los comportamientos de una persona en diversas situaciones. Por ejemplo, si la persona tiene un esquema mental de «incapacidad», es probable que adopte patrones de comportamiento como la evitación del compromiso con el aprendizaje de un nuevo idioma y actúe de manera rígida ante las oportunidades de crecimiento.

una vez entendidos estos tres elementos, ¿por donde iniciar el proceso de transformación?


El proceso de transformación personal puede iniciarse a través de la modificación de creencias. Las creencias son el punto de partida fundamental en la manera en que percibimos el mundo y en cómo nos comportamos en él. Al cuestionar y modificar creencias limitantes o poco saludables, podemos abrir la puerta a nuevas perspectivas y comportamientos más positivos y constructivos. Una vez que comenzamos a cuestionar y reformular nuestras creencias, esto puede desencadenar cambios en nuestros patrones de comportamiento y en la configuración de nuestros esquemas mentales, lo que a su vez contribuye al proceso de transformación personal en su conjunto. Por lo tanto, las creencias son un punto de partida poderoso para iniciar un camino hacia el crecimiento personal y el cambio positivo.

No me odies por romperte la visión romántica de la inteligencia emocional como «la capacidad de saber lo que sentimos y conectar desde el corazón con los otros seres humanos» esto suena muy lindo, pero los que nos dedicamos a la ciencia necesitamos procesos, el paso a paso para llevar a cabo un plan de mejoramiento y lograr ir al siguiente nivel.

Como no quiero abrumarte con muchas cosas te tengo una propuesta, toma una libreta y de manera manuscrita contesta:

  1. Revisa que tipo de creencias tienes frente a tu desempeño emocional.
  2. Contesta: eres capaz de identificar qué emoción sientes y separar el componente emocional de la situación práctica.
  3. Qué necesitas para mejorar tu I.E herramientas, práctica, feed back.


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