Sabías que el overthinking tiene diferentes matices? a veces creemos es solo pensar de manera excesiva en un tema, pero En los últimos años trabajando con líderes y ejecutivos he visto que el overthinking no es un solo fenómeno. Son tres patrones distintos que drenan energía mental, reducen el bienestar y afectan la capacidad para tomar decisiones.

Vamos a explorarlo desde nuestro modelo neurocognitivo, pensar, sentir y hacer.

El primero es la rumiación: darle vueltas a errores del pasado en un bucle de recuerdos negativos. La mente repite escenas intentando corregir lo que ya ocurrió. Desde el pensar aparecen frases como “debí hacerlo mejor” o “por qué dije eso”; desde el sentir emergen vergüenza, frustración o ira; y desde el hacer llega el bloqueo y la procrastinación. El pasado no cambia, pero el cerebro sigue dándole vueltas al asunto creyendo que repetir la escena lo va preparar mejor para cuando aparezca una situación similar.

El segundo es el hiperanálisis, la trampa del control total. Aquí no miras atrás, intentas entenderlo absolutamente todo antes de decidir. Buscas más información, más opciones, más validación. El analizar una situación de manera equilibrada es pensamiento estratégico; fuera de equilibrio es parálisis por análisis. Desde el pensar surge la creencia de que “seguro hay algo más que no estoy viendo” o que “existe una opción mejor”; desde el sentir aparece ansiedad, miedo al error y un perfeccionismo disfrazado de rigor; y desde el hacer se manifiesta la parálisis por análisis y el autosabotaje. La decisión se posterga indefinidamente y tu te sientes atascado en el lodo de tu mente.

El tercero es la anticipación catastrófica, cuando el futuro se convierte en amenaza constante. La mente imagina obstáculos, errores y peligros antes de que ocurran. Desde el pensar se activan predicciones como “esto va a salir mal” o “no voy a poder”; desde el sentir aparece miedo y ansiedad; y desde el hacer surge la evitación, la aversión al riesgo o el autosabotaje. Así se construye el caos: imaginando escenarios negativos hasta que el cuerpo actúa como si fueran reales y te paraliza para que no corras ningún peligro.

Imagina que uno de estos tres patrones se instala en tu día a día.

¿Crees que afectaría tu desempeño? ¿Reduciría tu bienestar? ¿Impactaría tu estilo de liderazgo?

Porque no se trata solo de pensamientos. Se trata de decisiones más lentas. Reuniones donde dudas. Energía mental drenada antes de terminar el día.

Lo veo todos los días desde hace 16 años trabajando con líderes y equipos de alto rendimiento.

Y la buena noticia es esta: no estás condenado a vivir en esos bucles.

Existen estrategias basadas en neurociencia para regular lo que piensas, lo que sientes y lo que haces.

Entrenar el cerebro no es teoría. Es práctica.

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