La capacidad de concentración ha tenido un critica caída del 40% desde el 2020.
La capacidad de concentración no está siendo fragmentada en partículas cada vez más pequeñas.
Vivimos en un entorno saturado de estímulos.
Notificaciones constantes. Ventanas múltiples que intentamos controlar al mismo tiempo. Reuniones consecutivas. Consumo ininterrumpido de información.
Mientras todos parecen hiperproductivos, la evidencia en neurociencia cognitiva muestra otra realidad: la atención sostenida se fragmenta con cada interrupción. Estudios de Harvard sobre experiencia en tiempo real han demostrado que la mente divaga cerca del 47 % del tiempo que estamos despiertos. Investigaciones sobre comportamiento digital muestran cambios frecuentes de tarea y disminución en la profundidad atencional.
El problema no es que “solo podamos concentrarnos 8 segundos”. El problema real es la interrupción constante.
Confundimos estar ocupados con ser productivos.
El problema es que tu cerebro no funciona bien en ese contexto.
Cada vez que cambias de foco, tu mente paga un precio. No es solo cuestión de tiempo: es energía mental. Es claridad. Es profundidad. Cuando entrenamos nuestro sistema a buscar estímulos rápidos —notificaciones, redes, recompensas inmediatas— perdemos capacidad para sostener pensamiento largo, estratégico, creativo.
Y sin profundidad, no hay verdadero rendimiento, ni liderazgo efectivo y ni hablar del tema de la salud mental en esos ambientes.
La multitarea sostenida no entrena el cerebro para ser más eficiente; lo entrena para ser más reactivo, disperso e impulsivo.
Recuerda: Quien dirige su atención lidera su vida


